Hace 12 años que Britney Spears no puede tomar grandes decisiones respecto a su dinero y a su privacidad. La cantante vive desde hace más de una década controlada por su familia y por tutores legales debido a sus problemas de salud mental. En las últimas semanas sus fanáticos volvieron a hacer tendencia el hashtag #FreeBritney para pedir por su autonomía.

Para comprender las batallas de Britney Spears hay que remontarse al 2002, cuatro años después del sensacional éxito de «…Baby One More Time» y momento en el que la cantante se separó de Justin Timberlake, con quien formaba la pareja más famosa del pop. En aquél entonces, el ex Nsync se dedicó a lanzar canciones con letras despechadas insinuando que ella lo había engañado y la imagen de Britney, que empezó a divertirse y salir de fiesta, viró de ángel a demonio en los medios amarillistas.

La joven artista se convirtió en noticia cada vez con más frecuencia por abusar del alcohol y las drogas, por casarse con un amigo de la infancia en Las Vegas y separarse 55 horas más tarde, y hasta por formar pareja con su bailarín Kevin Federline, que estaba esperando un hijo de otra mujer. La relación con su compañero prosperó por un tiempo y juntos tuvieron dos hijos, Sean y Jayden Federline.

En 2006, Britney y Kevin se separaron y la artista, para pelear por la custodia de sus hijos, decidió entrar a un centro de rehabilitación y desintoxicarse. A los pocos meses salió para ir a verlos, pero el bailarín se lo impidió y la cantante, descontrolada, entró a una peluquería y se rapó delante de decenas de cámaras de televisión. La foto de Britney pelada se convirtió en la más cara de la historia: el fotógrafo recibió medio millón de dólares.

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Las malas noticias continuaron para Britney que, en otra oportunidad, golpeó el auto de un paparazzi con un paraguas, y cuando decidió volver a los escenarios en los Video Music Awards de MTV, se mostró desorientada y perdida. Un mes más tarde, un juez decretó la custodia completa de sus hijos a Kevin Federline.

En 2008, durante otra discusión con su expareja, Britney se encerró en un baño con uno de sus hijos y la escena terminó con una ambulancia llevándosela a la fuerza a un centro psiquiátrico. Después de aquél suceso el padre de la cantante, Jamie Spears, solicitó su curatela, una medida extrema que subsistió sobre ella durante años.

Una curatela significa que alguien se hace cargo de un adulto en diversos temas por su imposibilidad de tomar decisiones por sí mismo. Jamie tuvo el control total sobre el capital, los negocios, las visitas y otros temas de Britney durante años y, aunque la medida iba a tener validez hasta la recuperación de la cantante, luego un tribunal aprobó su permanencia en el tiempo.

Este tipo de herramienta judicial puede ejercerla un familiar o un administrador y, por este tipo de trabajo, Jamie recibía 180 mil dólares anuales a modo de sueldo, además de otras diversas ganancias de la artista. Britney, por su parte, solo podía disponer de 1500 dólares semanales de su inmensa fortuna.

El punto en el que muchos de sus allegados y fanáticos discuten sobre su cautela es que mientras controlaban su riqueza y movimientos, Britney continuó desarrollando su carrera, grabó cuatro discos de estudio, realizó tres giras mundiales y siguió haciendo crecer su capital.

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En el documental Britney: For The Record, grabado el mismo año del inicio de su curatela, la cantante declaró que no se sentía escuchada, que estaba triste, que siempre decidía el resto por ella y que su vida estaba “demasiado bajo control”. El film se enfocó, además, en denunciar el maltrato que la artista recibió durante años de parte de los medios sensacionalistas.

El hashtag #FreeBritney nació en 2009 y volvió a ser tendencia en los últimos meses tras algunos cambios sobre su curatela en 2019. El primero fue que en enero de ese año, se dio a conocer que la artista había dejado su casa de Las Vegas para instalarse con su padre, que se encontraba mal de salud, y luego había ingresado a una clínica para tratar sus enfermedades mentales.

Sin embargo, unos días más tarde, se difundió un audio de un asistente legal que revelaba que la mudanza de Britney había sido obligada por su papá, tras la negativa de la artista a tomar su medicación, y que su internación había sido en contra de su voluntad. En aquel entonces, fanáticos y celebridades de todo el mundo revivieron el hashtag en los medios y en las redes sociales.

En septiembre del año pasado, Jamie Spears dejó la curatela alegando el deterioro de su salud y, al mismo tiempo, fue denunciado por violencia hacia uno de sus nietos. Sus tareas fueron reemplazadas por Jodi Montgomery, una mujer que ya administraba los asuntos de Britney desde hacía tiempo.

A partir de allí, celebridades y fanáticos de todo el mundo comenzaron a especular cada vez más con diversas teorías conspirativas, como que incluso las publicaciones de Britney en sus redes son controladas por otras personas. Sin embargo, la cantante escribió el pasado 10 de julio: «Entiendo que a algunas personas no les gusten mis publicaciones o incluso no las entiendan, pero esta soy yo siendo feliz. Esta soy yo siendo auténtica y tan real como parece».

Sin embargo un grupo de fanáticos de la artista fue aun más lejos con la causa y presentó una petición a la Casa Blanca por el fin de la curatela con más de 125 mil firmas. Y, a pesar de la pandemia del coronavirus, decenas de ellos se juntaron en las calles de la corte con carteles de #FreeBritney.

La curatela de Britney, al momento, sigue en manos de Montgomery y el 22 de julio tuvo lugar una vista oral para afirmar su continuidad. Sin embargo, hace algunos meses, la madre de la cantante Lynne Spears solicitó estar involucrada en la medida y en los últimos días también salió a hablar su hermano mayor, Bryan Spears. Mientras tanto, sus fans siguen pidiendo por la libertad financiera de la artista y #FreeBritney continúa sumando adeptos.

 

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